¿Pertenece el humor en la música? Si este es una celebración tanto de la alegría de la vida como de lo absurdo e incongruente, una manera de restarle o anularle el peso melancólico a las tristezas, de derribar ídolos, de quitarle gravedad a las cosas ¿cómo es que nos hemos puesto tan pesados como el molibdeno, que cualquier pieza musical con un tinte humorístico se toma como algo ‘livianito’? ¿Acaso nos olvidamos de canciones tan grandes como Mazúrquica Modérnica de la Violeta, Madeleine de Jacques Brel, Camarillo Brillo de Frank Zappa? Claro, podemos decir que una cosa es la sátira y otra es el humor pueril. ¿Pero cómo es que una canción no puede ser perfectamente pueril? ¿Han escuchado acaso Surfin’ Bird en su versión original de los Trashmen? Es absolutamente imbécil pero brillante en su canalización del caos bacanal, infantil y universal. Perfecta.
Estos dos temas, de los cuales poseo los singles de 7”, son completamente imbéciles, pueriles, pero totalmente deliciosos. No puedo hablar de ellos como placeres culpables, ya que no siento ni la más menor culpa por deleitarme con ellos. Claro, como alguien hace un par de días me señaló al hablarle de esta entrada, está el hecho no obviable de que en el caso de Jordy estamos hablando de un niño de tiernos tempranos años que fue explotado para conseguir dinero... no es fácil olvidar a este pequeño francés cantando en Una Vez Más (¿o era Martes 13?) con Raúl Matas simulando que estaba frente a un gran exponente de la inmortal tradición de la chanson française. A lo mejor es la distancia del crimen el que me permite gozar de este tema, tal como se ha hecho con el diseño de los posters de la ex U.R.S.S. que no olvidemos se utilizó para fines que desembocaron en el genocidio de millones de personas. Menciono este caso y no el Nazi, ya que aparte de grupos marginales, su iconografía no ha sido objeto de grandes revisiones, como fue el caso del deconstructivismo ruso hace poco en la Tate Modern de Londres, por ejemplo.
Por otro lado, el poder disfrutar de ciertas cosas que tienen un origen detestable es algo que hacemos todos los días sin culpas. ¿Seríamos capaces nosotros los humanos no vegetarianos matar y faenar una vaca para comérnoslas, y así evitarles el sufrimiento por el cual pasan las que son objeto de una explotación industrializada? ¿Acaso no usamos ropa, que compramos gustosamente porque sale tan barata, que ha sido fabricada por niños chinos que son esclavizados por padres inescrupulosos (o indigentes)? ¿Por qué compramos CDs de Michael Jackson cuando estaba vivo (nunca lo hice) si no estábamos seguros que en realidad abusaba o no de niños (y así engrosarle las arcas para pagarse los mejores abogados)? ¿Acaso no es el mismo argumento utilizado en contra de la píldora del día después: en tanto exista la duda abstente? Mi punto es que es muy difícil ser completamente coherente con los propios valores y, como dice el dicho, la perfección es el peor enemigo de lo bueno. En mi caso, siendo la colección de vinilos una dulce enfermedad prefiero comprar discos usados, ya que los beneficiados económicante son solamente los vendedores actuales (y de los cuales no sé absolutamente nada). En el caso del single de Jordy, el dinero iba en beneficio de la mundialmente famosa ONG Oxfam que se encarga de projectos en países del tercer mundo, especialmente África.
Un argumento similar se puede hacer con Hot Blood. No podemos olvidar los crímenes en contra de la humanidad que perpetró el lado más comercial de la movida disco en los 70s, entre otras cosas al llevar a cabo versiones anodinas de temas tan inmersos en su género (¿estilo?) de origen, como fue el caso de Heart of Gold de Neil Young a manos de Boney M (a pesar que el disco Niteflite to Venus es una joyita). Por otro lado, es la celebración de otro genocida como lo fue Drácula, victimario de miles de jóvenes vírgenes a las cuales les quitaba la inocencia y las violaba en cierta medida al chuparles la sangre del cuello. Sin duda que el tema pone en foco el lado más sexual de este asesino, poniéndole un beat de base bien caliente y enfatizando el grito de su víctima femenina al final, como cual gemido de orgasmo. Es, en síntesis, una invitación a la liberación sexual de los danzantes de la disco, en un período de la historia en la cual el SIDA no asomaba su cabeza y las enfermedades de transmisión sexual eran curables. ¿Libertad o libertinaje? Qué importa, la canción te hace bailar y reír, más que suficiente para entrar en mi lista de canciones inmortales.
A veces te encuentras con discos que te hubiera gustado hallar antes. A lo mejor lo mirabas de reojo en esas tardes de caza, te intrigaba la carátula, te daba risa, o te sonaba pero no era el momento justo para tomar el disco y llevártelo a casa. Todo tiene su momento y tiempo, a veces es simple azar, a veces es la sincronía de distintos factores que andaban dispersos pero que repentinamente se alínean. Es como esos viejos amantes que sólo en su senectud logran encontrarse, habiendo pasado una vida entera separados, desconociendo la existencia del otro, pero que era necesaria vivir para lograr enamorarse. Es una nostalgia por un pasado posible que no fue y una gratitud por el presente que entrega dicha nueva. Supongo que es la sorpresa que causa el encontrar algo o alguien que repentinamente le da un giro de sentido a tu vida o partes de tu vida que no estaban en tu radar. También hay cierta tristeza en sospechar que el affaire no será eterno, ya que en la vida y tu gusto musical lo único constante es el cambio. Sólo queda abrazar este affaire y vivirlo con el corazón en llamas (gracias Iggy).
El encuentro con las Shangri-Las hace aproximadamente un año atrás fue un flechazo a primera oída... y eso fue lo raro. Si las hubiera escuchado hace diez años lo más probable es que las habría desechado como "esa basura chiclera de los 60 tipo Estúpido Cupido", como si supiera de verdad lo que es auténtico o inauténtico musicalmente (¿Importa realmente en todo caso? Para pensarlo mejor.) Con el paso de los años gané la distancia necesaria para poder escuchar la profundidad (¿inestabilidad?) emocional que esconden en sus canciones, a medias, estas chicas de Nueva York; o a lo mejor fue el llegar a entender que la vida, y la música, es más un continuo de espacios inter-nutritivos que simples divisiones discretas y aisladas. En ese sentido, esta compilación de hits de las Shangri-Las se puede leer como una mirada muy consistente sobre la vivencia al borde, bien blanco y negro que es la adolescencia, desde el amor 'malo', pasando por el dolor y la pena que provoca crecer y volverse 'serios', hasta las secuelas que puede provocar una violación (en serio). No creo que sea un dato menor el que sólo duraran 3 años grabando, casi como si al crecer dejara de tener sentido lo que habían logrado.
Las Shangri-Las (nombradas en honor a un restorán en Queens) estaba formado por dos sets de hermanas, las Weiss y las Ganser (quienes eran gemelas idénticas), se conocieron en su colegio en Queens, Nueva York a principios de los 60. La trayectoria es bastante parecida a muchas agrupaciones de mujeres de la época, pasando por concursos colegiales, presentaciones en fiestas para finalmente ser descubiertas por un cazatalentos que les proveyó de un contrato y unas sesiones de grabación para un single. Fue sólo hasta que sacaron la canción Leader of the Pack que pasaron a ser un enorme éxito en los USA (habían tenido un pequeño hit anterior con Remember (Walking in the Sand), y que no pudieron repetir a la misma escala posteriormente. Se ganaron además la reputación de "chicas rudas" en la prensa, y que cultivaron con regocijo, ya que viniendo de Queens no tenían ningún empacho en decir lo que pensaban. Lamentablemente se separaron en medio de rencillas con su disquera (cuento viejo con tantas bandas) por problemas de dinero. Con el tiempo han demostrado tener una influencia importante en músicos de distintas épocas, en especial durante la época punk y new wave de finales de los 70 y principios de los 80, y no es raro, es sólo cosa de escuchar más allá de los arreglos sesenteros e ir al meollo del asunto.
Para mí las Shangri-Las es la versión Girl Group de los Velvet Undergound, ya que bajo la dulzura y dramatismo de sus arreglos musicales, se esconden temáticas bastante subversivas en cuanto a tratar temas tabú. Son también de cierta manera 'sustitutas' de toda adolescente de la época que quería vivir la vida más allá de la existencia protegida por sus padres. Inauguran el mundo lyncheano en el pop para decirlo de alguna manera. Es algo novedoso en un ambiente musical que se caracterizaba por letras, aunque muy bien construidas y ajustadas (Smokey Robinson era un genio en ese sentido), relativamente anodinas; o en otros casos demasiado crípticas al no tener acceso a los códigos necesarios para entenderlas (¿alguien sabía que Tutti Frutti es realmente sobre sexo anal? Yo tampoco lo sabía). No por nada era uno de los grupos favoritos de Joey Ramone y no creo ser el primer en afirmar que copió harto de su estilo vocal de Mary Weiss, quien cantaba casi todas las primeras voces. A modo de ejemplo 3 canciones (que son las que pongo los videos): la muy conocida Leader of the Pack (también versionada por Twisted Sister), habla sobre el amor de una colegiala por un tipo 'peligroso', un miembro de una pandilla de motociclistas, es una canción cargada de sexualidad ebulliente y que termina en tragedia; Out in the Streets, donde la protagonista habla de la pena que le da el haberle quitado la esencia de su enamorado, quien se crió en las calles y es un espíritu salvaje y libre, teniendo que conformarse al 'puppy love' que ella puede dar dado su contexto familiar y social; y Past, Present, Future, un tema que Pete Townshend llamó alguna vez "una canción perfecta", y que usa la melodía de Claro de Luna de Beethoven para describir la historia de una joven que ya no puede amar ya que un hombre se aprovechó de ella alguna vez... se implica que alguna vez la forzó a tener sexo con él.
Otro de los motivos que me hicieron elegir este disco es que me da la oportunidad de escribir acerca de Ben. Ben es el dueño de Ben's Collectors Records en Guildford, Inglaterra y por el lapso de dos años fue mi dealer de pasta negra preferido, y quien me proveyó de este disco. No sólo sabía mucho de música (había sido baterista en una oscura banda de principios de los 80 de la cual no recuerdo el nombre) sino que conocía el negocio de venta de vinilos usados al revés y al derecho, ya que siempre trabajó en ello. En algún punto tuvo dos tiendas, pero se cansó y vendió una. Este tipo no sólo era muy amable, sino que de un entusiasmo gigantesco por lo que hacía y un modelo de negocio que hace que tenga una clientela grande y muy fiel (compraba mucho y vendía mucho a precios irrisorios). Esto se agradece porque en este rubro es muy fácil encontrar tipos que se guían por precios de lista o lo que se les ocurre (muy caros) y que además te miran con cara de "no eres merecedor de comprarme nada", sea esto acá o en la quebrada del ají. Sino pregúntenle a cualquiera que haya pasado por una conocida tienda en Providencia. Lamentablemente aquí en Chile es difícil tener este modelo porque los precios están muy distorsionados y el pool de vinilos usados que estén en un estado mínimo de decencia es de un porcentaje muy bajo (y la gente trata de venderte los productos usados a precios demasiado cercanos al precio de nuevos). A mi me daría vergüenza vender un vinilo de los Beatles que está hecho bolsa a precio de impecable. Y de esos vendedores hay muchos. Por ello, estimado Ben, te mando un saludo y muchas gracias desde este lejano país.
La música te puede emocionar de muchas maneras diversas. Puede ser una bofetada en la cara dada por tu madre cuando comiste directo del tarro de manjar; un abrazo fuerte de tu mejor amigo después de no verlo por dos años; una mano extendida por el extraño que te encuentra tirado en la calle, sin saber cómo llegaste ahí; una patada en el trasero del Tony Caluga a la salida del circo; un retorcijón de guata porque comiste ese ceviche en el mercado un día lunes; un puño en el aire tras meterle un gol al primo de tu primo que te cae mal; un aleteo de brazos sobre una piscina cuando aprendes a nadar y te tiras tu primer piquero; una mañana en el jardín infantil cuando pintas con tus manos y pies; una tarde viendo tele sentado en la mecedora que era de tu abuelo; una noche bajo las sábanas leyendo a escondidas y descubriendo que tus padres sí pueden equivocarse. Another Green World (Otro Mundo Verde) es mirar el atardecer de un domingo de otoño reflejado en la puerta del closet de tu pieza, mientras escuchas a lo lejos que la gente comienza a moverse, hablar, reír, dar órdenes ya que el sopor de la siesta se ha levantado.
Este es el tercer disco de Brian Eno en solitario que puede ser considerado dentro de los cánones pop/rock, aunque es aplicarle una etiqueta estrecha a lo que nos presenta en este LP. Brian Eno ingresó en los anales de la música popular al ser miembro fundador de Roxy Music, en donde participó en los dos primeros discos que, no por coincidencia, son los discos más experimentales y arriesgados de la banda en cuestión. Dejó esta banda por diferencias creativas y personales con Bryan Ferry, quien era el frontman y escribía las canciones. Una pérdida para Roxy Music pero una ganancia para todos nosotros. Al abandonar la agrupación comienza inmediatamente a desarrollar los dos polos que marcarían toda su carrera, en mayor o menor proporción: por un lado un polo muy experimental, caracterizado por estructuras minimalistas y preocupación por la percepción del auditor en contraposición a los deseos del autor (¿cómo eliminar al autor lo más posible de la ecuación?) y un polo, también muy experimental a su manera, pero bien juguetón a la hora de hacer canciones con temáticas crípticas y poco usuales (p. ej: una mujer en llamas, literalmente, en su primer disco), además de una aguda sensibilidad melódica (su música preferida es el gospel).
Lo que une estos dos polos es una preocupación por el proceso de grabación, con la consecuencia que empieza a mirar crecientemente al estudio de grabación como un instrumento más, sino el más importante (creo que ya lo dije en otra entrada de este blog). Sin duda no es el primero (si no, escuchen las grabaciones de Lee Scratch Perry en Jamaica en los 60 y 70; y los discos de los Beatles a partir de Revolver), pero es de los primeros que miró el tema más sistemáticamente y lo incorporó como parte integral en el proceso de creación de una canción o pieza musical. Another Green World es el primer disco en el cual Eno entra conscientemente sin siquiera un retazo de música al estudio de grabación, bajo la premisa que a medida que experimentara in-situ saldrían ideas a las que no podría acceder de otra manera. Es una visión bien sistémica y cibernética del proceso musical y que tendría su expresión más extrema 20 años después con su propuesta de la música generativa (simplemente poner los parámetros de cambio y dejar que un programa de computador hiciera la música, idea basada en el famoso juego Life de John Conway).
Cuando recién escuché este disco, casi 15 años atrás, me sentía en un cruce de caminos musicales (para que hablar de personales...), me había agotado una cierta dirección y necesitaba renovar mi arsenal. En un viaje me había comprado en CD los tres primeros discos "pop" de Eno (Here Come the Warm Jets, 1974; Taking Tiger Mountain, 1974 más este) y tomé la decisión consciente de escuchar cada uno en orden cronológico, dándome el tiempo (un par de semanas) para convivir con cada uno y hasta cierto punto lo que puede haber escuchado alguien en la época. Entre el primero y el segundo hay una cierta semejanza textural y temática, aunque el segundo se nota más coherente (léase menos loco)... pero entre el segundo y el disco invitado hay una galaxia de separación. Esta galaxia está compuesta de dos planetas muy importantes: un accidente donde es atropellado por un taxi que le obliga quedarse en cama por varias semanas, llevándolo a una experiencia que produjo el segundo planeta, Discreet Music (1975) un disco fundamental (en todo sentido), consistente en un procesamiento electrónico con cintas del Canon de Pachelbel en un lado, y que al sugerirse que debe escucharse a un bajo volumen (¡qué poco rockero!), inaugura oficialmente la música ambient.
Another Green World es un disco pop que fue cortado en dos por el bisturí del ambient y relleno con una pasta hecha de perillas, micrófonos, teclados, filtros, picardía y precisión técnica. Es un disco que todos los fanáticos desearían Eno hiciera una y otra y otra vez. Un disco redondo, intrigante, hermoso, donde sólo 5 de los 14 temas son cantados y ninguno durando más de 4 minutos. Los temas instrumentales caminan por una delgada línea que roza la música descriptiva, música 'sugestiva' si se quiere. Las letras de los temas cantados toman un cariz muy distinto a los discos anteriores de Eno, alejándose de las narrativas excéntricas y febriles, hacia un tenor más bien pictórico y contemplativo, trazando escenas donde sucede poco, se espera mucho y se guarda la distancia. Dada la naturaleza de este disco, es perfecto para escuchar en muchas ocasiones y lugares (excepto en una fiesta, para bailar), ya que permite ponerle atención en muchos niveles distintos, con mayor o menor esfuerzo pero es, en esencia, un disco muy fácil de escuchar, lo que es engañoso ya que es un disco complejo. Cada vez que llueve y lo tengo cerca no dudo en ponerlo, como fiel amigo que ha sido durante 15 años.
La edición en vinilo de este disco es un gran argumento para echar en contra del formato CD y las famosas remasterizaciones. Las remasterizaciones en general son una traición al sonido original al tratar de adecuarlo a los hábitos de audición del público actual: en mp3 sueltos, donde se espera que todos tengan el mismo volúmen, por lo que se pierde una parte importante del rango dinámico (véase las "Loudness Wars"). Pero aún cuando la remasterización se haga de la manera más perfecta (utilizando puro equipo análogo en todo paso del proceso) siempre existe la duda de cuan fiel se es a la visión original de los involucrados, a menos que estén involucrados los músicos originales (las realizadas por Jerry Harrison con los discos de Talking Heads son buenas en ese sentido). Las remasterizaciones de Los Jaivas son un ejemplo de cómo NO se tienen que hacer las cosas. Sin duda que hay muy buenas remasterizaciones que vale la pena buscar; cualquiera de Steve Hoffman por ejemplo, que hasta busca la máquina donde se hizo la masterización original. La edición en vinilo original, inglesa, le da un toque extra que no tiene la edición en CD, que tiene que ver con la sensación de espacio entre instrumentos, el plano sonoro (más profundo y ancho) y la organicidad de los timbres, especialmente en los registros más bajos. Hay algo con los sintetizadores análogos que se escuchan tanto mejor en un vinilo que una edición en CD (el caso de los OMD por ejemplo es notable en su pérdida de liricidad en CD). Por eso cuando encontré el disco en Brighton, Inglaterra en la ya mencionada Wax Factor no dudé en pagar la no despreciable suma de 9 libras... o sea, más barato que el CD nuevo. Uno a veces pierde las proporciones.
Algunos "videos" en youtube con canciones del disco:
So here we go, like a sail's force into the night."
Cómo ya lo he dicho antes en este blog, lo que generalmente me llama primero la atención es la voz, que de acuerdo a mis gustos tiende a ser muy expresiva; también esas voces que están al borde del registro posible o gastadas hasta ser un carraspeo; voces que no sabes si son hombre o mujer o algo más; voces que no pueden sino ser muy femeninas o muy masculinas; o voces que son tan inexpresivas que son verdaderos lienzos en blanco en donde proyectar nuestras fantasías. Escojan ustedes, el punto es que tienen que ser voces que salten a primera vista como únicas, características y justas para la música que la rodea (con honrosas menciones ¿alguien se acuerda de Nina Hagen?). Sin embargo, y obviando el caso de la música clásica y el jazz, hay discos que me entran por otras vías como la producción, la melodía de alguna canción... este me entró por el beat que me hacía bailar. Ah, y el cincerro que sale en algunos de los temas.
Escuché a este grupo liderado por James Murphy (es él en realidad más músicos de sesión y gira) por primera vez a través de un video que vi en algún canal del cable. Este era "Daft Punk Is Playing In My House", una oda a la más hedonista de las fiestas, que incluye ese cincerro que me gusta tanto (que tontera, no...), fiel compañera de fiestas en 2005 y 2006 (y todavía, así de prendida es la canción). Luego "conseguí" el disco donde estaba incluida la canción y me encontré con una versatilidad que iba más allá del simple pero notable talento para hacerte bailar en cada ocasión. Como souvenir, en la canción "I'm Losing My Edge" Murphy canta desde la perspectiva de un tipo que siente que va perdiendo su cool musical frente a tipos más jóvenes y empieza a inventar haber estado en momentos críticos de la historia del rock más alternativo como una manera de mantener su identidad. Todo esto con un ritmo medio krautrock que hace aún más patente la vacuidad del personaje que encarna.
James Murphy es un tipo bastante viejo para los cánones del rock, rozando los 40 (tenía 36 cuando salió este disco), incluso en estos tiempo en los cuales ya podemos asimilar a los llamados dinosaurios del rock como propios del género (e incorporar a viejos de otros lados, recordemos a Johnny Cash con su serie American Recordings). Él mismo lo afirma y lo explica como una exigencia que le deparó la vida para poder destilar toda la historia del rock y pop, y hacer algo que fuera suyo, a diferencia de décadas atrás cuando los músicos tenían una tradición menos larga y menos aplastante en términos de la necesidad de hacer algo que sientan como original (o vital). Algunos son más lentos a lo mejor, pero le creo su cuento. Partió como miembro de varias bandas punk pero, viviendo en Nueva York se fue metiendo en la escena electrónica y dance, dándole una impronta bien orientada a la fiesta, al regocijo del cuerpo en movimiento, del cuerpo como medio de comunicación y conocimiento. Y también como contrapunto a un punto de vista más racional que le da un nivel extra ajeno a mucho de la escena dance (lo supongo con desfachatez en realidad, me estoy pasando de listo...). Es algo parecido a lo que hicieron Talking Heads en su momento, guardando las proporciones: música bailable para pensar.
Este disco lo escuché en cuanto salió, aunque me demoré en comprar el vinilo por razones monetarias (lo hice en el HMV de Guildford, Inglaterra, una tienda tipo Feria del Asco, pero buena). Creo que es más consistente que el primero y sigue teniendo ese toque irónico que me había llamado la atención. Por ejemplo el primer single, North American Scum, es una posición defensiva del ser norteamericano frente a los críticos que no pueden entender que lo sean (demasiado irónicos), pero al mismo tiempo con distancia y ríendose de sí mismo y los gringos. Sin embargo el disco no se queda solamente en la distancia irónica (que es la forma más baja del ingenio) sino que se permite en varias canciones el presentar un sentido testimonio a personas y cosas que ama. All My Friends es una oda al sentido de casa que le puede dar a uno el estar con los amigos en un plano de fiesta, de excesos sin culpa, como si fuera necesario llevar hasta las últimas consecuencias el desborde para sentirse vivos. New York I Love You es un homenaje a su ciudad adoptada y un reclamo, una desilusión por la gentrificación de una ciudad que en algún momento fue mucho más potente que lo que es ahora. Pero mi canción favorita del disco (y una de mis favoritas de los últimos 5 años) es Someone Great.
Creo que refleja con agudeza esa sensación de que hagas lo que hagas, digas lo que digas, nada puede ser suficiente para expresar el dolor, para abarcar la enormidad, de lo que es que alguien cercano a tí se muera. Es un proceso de agitación que te hace sucumbir en inercia o que te obliga a movimiento sin descanso. La canción no es sólo certera en su plano racional-verbal, sino que la música, el ritmo que te hace bailar a medio tiempo, la melodía probablemente te hace entender de mejor manera el dolor que siente James Murphy por la muerte de, en este caso, su amigo. ¿Cómo es posible que el cuerpo también tenga una inteligencia que comprenda? No me atribuyo ninguna idea original ya que es un fenómeno estudiado por la medicina, la psicología y supongo que otras disciplinas. Es cierto que el cuerpo se compone de ritmos que son replicables por la gama completa de la orquesta y estoy convencido la organicidad de una canción está dada por la manera de replicar o resonar esos ritmos, por muy sintética y mecánica que sea la forma de producción. ¡Cuan abstracto y tan concreto puede ser ese movimiento de aire que llamamos música!
Los videos de las canciones que mencioné del disco más abajo. Para los que reciben el mail véanlos en el blog mismo.
"Blue blue electric blue, that's the colour of my room where I will live"
David Bowie fue el primero que me hizo sentir como un rock star. Fue él quien me hizo creer en mi más solitaria intimidad que podía ser alguien distinto, alguien 'mejor', pero también más sintónico con mi muy camuflado y resguardado mundo interior. En un ritual que me resultaba imposible perder, solo, los fines de semana por la noche, mientras soñaba que me subía a un escenario y miles de fans coreaban mis canciones, me encerraba en mi pieza y colocaba con religiosa rigurosidad los 4 cassettes del inglés que tenía mi hermano mayor en su colección (Changesbowie 1 & 2, Ziggy Stardust y Space Oddity) en mi radiocassetera Toshiba que había recibido como regalo de cumpleaños a los 9 años. Cantaba y cantaba y cantaba y hacía poses con el atril de micrófono que había sacado sigilosamente de la pieza de mi hermano, mientras él salía a vivir la vida nocturna que yo deseaba. Tenía 12 años.
Lo que más me carga de estos shows busca “talentos” que salen hoy en la tele es que su espíritu es destructivo, es mostrar cómo el jurado acribilla a los participantes y endiosa a meros reproductores de estándares culturales estériles. La esencia de la música popular es creativa, aspiracional, imperfecta, en cierto sentido adolescente ya que busca encauzar un torrente de caos hormonal hacia un mar que consideremos propio. Es pensar en un mundo paralelo donde podemos cambiar nuestras vidas, estar felices, poderosos, populares. Es creer que en algún lugar podemos ser esos seres sobrenaturales que escuchamos en los discos, vemos en las películas y la tele; estar convencidos que es posible cambiar nuestra sociedad, al ser hipnotizados melodiosamente por ese chamán que se sube al escenario; o navegar a oscuras en dirección a nuestras raíces: es en esencia conectarnos con un plano existencial que nos trascienda. Qué importa el que de verdad lleguemos a ser uno de estos seres de otro planeta (y lo son), lo importante es saber que de alguna u otra forma siempre lo somos a nuestra propia manera.
Low fue el primer disco que compré de Bowie por mi cuenta, o que pedí por mi cuenta a decir verdad, ya que fue un regalo de Navidad. Debo confesar con vergüenza que además logré convencer a mi hermano chico para que pidiera "Heroes" (1977) por su lado y así poder escuchar los dos discos al mismo tiempo... estamos hablando de la época en la cual mi hermano aún medía menos de 1.20 mts, por lo que fue descaradamente un aprovechamiento... no sería la primera ni la última, aunque él fue quien inventó haber encontrado una moneda fenicia en el patio de la casa, así que estamos a mano... ¿o no? Conocía del disco la canción Sound & Vision (una de mis favoritas de toda la vida) que expresa en cuajada síntesis los temas principales del disco: un enclaustramiento físico y emocional, un deseo de expresión que lucha por salir, y esperanza en silencio que el recogimiento traerá la paz buscada. Todo cruzado por una tensión constante de verse al borde del abismo de la sanidad mental. ¿Quebraré vidrios en mi pieza nuevamente? ¿Seguiré estrellándome en el mismo auto? ¿Llegará el regalo del sonido y la visión? La velocidad de la vida en cámara lenta.
Con Low comienza lo que muchos han llamado la Trilogía de Berlín. Este nombre es equívoco ya que este disco fue grabado en su mayoría en una mansión en Suiza que alguna vez alojó a Chopin y George Eliot. Sólo el segundo de esta trilogía, "Heroes" (1977) fue grabado íntegramente en Berlín, y el tercero Lodger (1979) fue grabado casi todo en Nueva York. Lo que sí puede convertir a estos tres discos en una trilogía, es que en ellos trabajó cercanamente con Brian Eno (aunque no les produjo los discos como erróneamente lo creen muchos, esa labor recayó en el gran Tony Visconti, productor de T.Rex, Sparks, Thin Lizzy y Rita Mitsouko, entre otros) y pudieron entre ambos crear un nuevo lenguaje para el rock que nutriría la obra de muchos durante los próximos 30 años o más. Herederos directos de este disco y el siguiente, podemos contar a Joy Division, New Order, Gary Numan, The Cure, Ultravox, Japan, el Lennon (y Ono) de Double Fantasy, etc, etc, etc. Si el punk, gruesamente contemporáneo a este disco, fue una renovación de la energía del rock luego del período de aburguesamiento que fue el breve reinado del prog (entiéndase sus peores excesos, hay grandes y revolucionarios discos prog), Low fue parte importante de la renovación de las ideas del rock en aquella época. Se podía ser pretencioso e inevitable al mismo tiempo.
El otro sentido en el cual se puede considerar a estos discos como una trilogía es que son el producto consciente de un Bowie que se encontraba casi desahuciado por las drogas y el alcohol luego de una larga temporada en USA y que necesitaba sí o sí un giro nuevo a su vida y carrera. En USA había cosechado enormes éxitos con sus discos Young Americans (1975) y Station to Station (1976), pero cayó en una espiral autodestructiva que lo hace huir al continente europeo, primero a Suiza y luego a Berlín, para sumergirse en una vida de anonimato y desintoxicación junto a su amigo Iggy Pop. No olvidemos que el título Low se refiere no solamente a estar "bajo" o deprimido sino que hace un juego con la carátula del disco donde Bowie aparece de perfil, es decir el título completo sería Low Profile, o bajo perfil. Es un período de tremenda fecundidad personal y creativa para este par de amigos, y de una incerteza profesional que paradójicamente les dio la libertad de llevar sus visiones creativas hasta las últimas consecuencias: tanto en sus vidas privadas como profesionales ya no tenían nada que perder. Para que se hagan una idea: dentro del espacio de 1 año Bowie publicó dos discos bajo su nombre, ambos clásicos, y co-compuso (casi toda la música) los discos "The Idiot" y "Lust for Life" de Iggy Pop, ambos también de 1977.
Al ser el primero de este trío, Low es el más contemplativo, el con menos energía aparente, sin duda el con un subtexto más triste. La base sigue siendo un poco funky en el primer lado, como en sus dos discos predecesores, pero ahora reprocesado con el krautrock de la época, más robot, más frío. En el tema A New Career In A New Town, por ejemplo, se puede escuchar una armónica llevando la línea melódica, pero no suena nada a blues, sino más parecido a lo que podría haberse escuchado en la radio AM de esos años, o también a esas melodías de juegos de consola de principios de los 90, pero realmente tristes y sin ser cebolla. Sin embargo, lo realmente radical para la época, viniendo de alguien que era tan popular en ese entonces, y quien definió de muchas maneras la primera mitad de los 70 (y definiría los próximos años con este disco), es que el segundo lado se compone exclusivamente de temas instrumentales, lentos, o a medio tempo, casi ambientales y de una profunda congoja existencial. El tema Warszawa (Varsovia) tuvo el suficiente impacto en Ian Curtis para que le pusiera el título como nombre a la banda que luego sería Joy Division. Para mi el escuchar Low es descender desde los devaneos de un hombre en crisis existencial hacia un estado neofetal, donde la sanación sólo es posible a través del mantener en silencio el habla.
Aún cuando el disco puede parecer medio deprimente no lo considero así. Sí, sin duda es triste pero tiene la claridad suficiente en sus texturas y arreglos como para darle la liviandad necesaria para no ser asfixiante. Por sobre todo existe una búsqueda de belleza estructural, trata de crear un lenguaje nuevo para la música que Bowie llevaba casi dos décadas desarrollando. Por lo que cuenta tanto Bowie como Eno en diversas entrevistas, la grabación del disco fue un período de mucha riqueza creativa, llena de experimentación y momentos de epifanía, de apertura de distintos caminos que podían explorar a futuro. Lo extraño también es que fue un proceso de grabación relativamente corto, en parte porque el afiate de su banda lo permitía y en parte porque muchas veces se tomaron decisiones bastante arbitrarias; como el decir "esta canción tendrá dos partes y cada una durará exactamenta 1min 23s" o decidir que sólo se haría una toma. Creo que es por lo menos intrigante que de un proceso lleno de limitantes haya salido algo que suena tan refrescante en su transparencia emocional. Ya vendría "Heroes", otra piedra fundamental de la música popular de los últimos 35 años, pero que vuelve a preocupaciones más externas en el mundo de Bowie e Eno.
Low fue de los primeros discos que compré en vinilo hace 5 años atrás, sin duda porque era de los que estaban más arriba en mi lista de discos deseados. Lo encontré una lluviosa tarde de invierno, recién pagado en mi pega de aquel entonces con una sensación de desasosiego como diría Pessoa, y errando por mis locales conocidos, entré en una tienda en Providencia donde se caracterizan por ser ladrones (¿una más?) pero que extrañamente tenía este y otros cuatro más de Bowie a un precio más que razonable, barato incluso. Me acuerdo por sobre todo la impresión que me causó el ver la carátula en su tamaño original, lo rara que se veía la cara de Bowie, plana y recortada en contra de ese fondo naranja, como de explosión; lo colorida e irritante que parecía en contraste con la tarde apagada, húmeda, ominosa en su quietud, como esperando una tormenta y que esa cara de perfil fuera el hombre del tiempo que la anunciaba. De la cara emanaba una furia gris, una tristeza apenas contenida, expelida hacia el que quisiera escuchar el murmullo de penas. Bello, muy bello y justo lo que necesitaba.
"Dreamed of ringing voices, and you promised me poems"
Esta entrada la escribo luego de asistir el sábado pasado (22 de agosto de 2009) al concierto que realizó Tricky en Santiago de Chile. Iba con pocas expectativas ya que sus últimos discos no los había escuchado mucho, en parte porque no me engancharon el par de veces que los escuché y en parte porque, habiendo sido parte importante de mi mundo musical diez años atrás, en algún punto tomé una bifurcación que me alejó de este oriundo de Bristol. El concierto del sábado me hizo reevaluar mi relación con su música y tratar de adentrarme en su propuesta actual con la mente refrescada luego de verlo en vivo. Para los que no fueron al concierto un resumen de este: un viaje hacia el corazón del improv dub, con un mapa hecho de hardcore y una cantante soul de compañera. Ah, también un paseo en cancha y un As de Picas en el escenario.
Este es el segundo disco que publicó Tricky, aunque él no lo considera completamente propio (razón por la cual se llama simplemente Nearly God), ya que involucra colaboraciones con distintos músicos entre los que se cuentan gente tan notable como Terry Hall (ex Specials), Björk (algo tenían por la época), Alison Moyet (ex Yazoo) y Neneh Cherry (ex "sale hasta en la sopa con su canción Woman durante los 90s"), además de la que era su compañera fiel en esos tiempos, Martina Topley Bird. Todos ellos aportan sus voces a distintos canciones aunque como la dirección es de Tricky se puede hablar de una 'coherencia' estilística dentro de este disco que es netamente Trickiana, razón por la cual para mí sí es un disco de él (como lo testifico en el título de esta entrada). Mucho sampleo, contraste entre el murmullo carraspeado de Tricky con las voces dulces y/o dramáticas de sus acompañantes, ritmos insistentes y quebrados, un sonido denso pero con relativa poca instrumentación. "Una colección brillante de demos" la llamó él en una entrevista de la época y, aunque tiene un cierto punto, no por eso deja de ser un disco notable en su capacidad de transmitir desesperanza en su tristeza máxima pero a veces mostrando una puerta media abierta hacia un lugar menos sombrío.
Como mucha otra gente que vivía una existencia protegida y semi de claustro a mediados de los 90, conocí a Tricky al ver unos videos suyos en MTV (cuando todavía era un canal de música). Estos eran del primer disco, Maxinquaye (1994), específicamente los temas "Hell is Round the Corner" y "Overcome" (que usa las mismas letras que Karma Coma de Massive Attack, ya que son de Tricky). Me intrigaron mucho al inicio por su sonido que iba en contra de lo que me cargaba en esa época, vale decir el grunge. Era música basada en grooves y ritmos más que en riffs de guitarras. También me llamó la atención por ser de lo que malamente se llama "trip hop" que es, simplificando con alevosía, como un hip hop pero desacelerado porque todos los que lo crearon eran grandes fumadores de marihuana (es la droga preferida, según un reportaje de la revista UNCUT en el sur-oeste del Reino Unido, donde se ubica Bristol). En esos años era la música de moda de la gente "cool", de esa que va a bares lounge y son arquitectos con mac (ver www.sesienterubio.com), pero también lo era de seres un poco más deprimidos, angustiados, inadaptados y que querían ser como los cool (o sea, yo). Esta era música que iba al callo de esa sensación de dislocación soterrada y silenciosa que sentía esos últimos años del colegio.
Cuando compré Maxinquaye se transformó rápidamente en el CD que más escuché por meses, por lo que cuando supe que había salido este segundo disco no podía esperar a que llegara a Chile (acuérdense que todavía internet era lentísima y era difícil bajar discos enteros y tampoco había youtube) y creo haber sido el que compró la primera copia en la desparecida Billboard de Providencia. A la primera escucha me desilusionó bastante, ya que lo encontré inacabado, fragmentado, áspero, con aires de vivir en las últimas horas de la noche en el bajón de una borrachera; en contraposición a la melancolía suave y narcótica del disco anterior. Por unos días lo tomé como una afronta personal, cómo era posible que este tipo haya osado cambiar la fórmula mágica, casi como que la hubiera perdido. Pero como para mí no era ninguna gracia el perder plata en un disco que no me había gustado (ahora en la era del download es tan fácil descartar un disco por lo más mínimo) me forcé a escucharlo hasta que me gustara. Tan difícil no fue menos mal.
Claro que es más áspero. Claro que es más fragmentado e inacabado. Lo que no había escuchado al principio es que esa es precisamente la gracia del disco. Como conjunto de temas que fueron trabajados por separado con personas distintas en tiempos distintos necesariamente iba a sonar así. Se escucha como un tipo que luego de haber sido atiborrado de aplausos por los críticos con su disco anterior, se siente aplastado por la atención y repta por el suelo buscando esa salida por donde poder seguir su propio camino. Si bien siempre ha obrado de ventrílocuo con voces femeninas aquí lo lleva su máxima expresión, con el abanico que le otorga voces tan disímiles como Alison Moyet, Björk y Neneh Cherry. Su primer disco es el resultado de un largo aprendizaje junto al colectivo bristoliano Wild Bunch (de donde saldría Massive Attack además) razón por la cual se escucha como un producto tan acabado. Este sin embargo es el inicio del resto de su carrera. El verdadero año cero si se quiere.
Luego vendría el que se considera la obra maestra de Tricky, Pre Millenium Tension (1997) y si bien antes tendría que aceptar tal apreciación como verdad, el concierto al cual asistí el otro día me ha hecho repensar seriamente el que lo sea. Tricky es un tipo tan talentoso y tan dado al flujo constante de experimentación que habría que considerar sus discos como meros registros de un momento en el tiempo. A la obra de Tricky hay que verla en su totalidad ya que, tal como en el concierto del otro día, cada disco es parte de una experiencia que se desenvuelve en un arco de largo aliento que no hace sentido necesariamente en cada momento. No estoy diciendo que Tricky tenga un plan a largo plazo de cómo quiere que sea su obra, pero sí que es un músico al cual se le debe juzgar de esa manera. Por más que se pueda ver y escuchar caótico, como la respiración entrecortada de alguien que aprende nuevamente a respirar cada día, finalmente es alguien que sabe que puede confiar en que estará respirando por un buen tiempo. A lo mejor de otra manera, pero respirando al fin.
Bueno, y como es costumbre, falta contarles dónde y cómo encontré este disco en su edición en vinilo. A mediados de los 90 se produjo el punto más alto en la importancia cultural del CD y el punto más bajo del LP (antes del resurgimiento en los últimos años). Ya casi todos habían comprado el cuento que el CD era "el sonido perfecto para siempre" y el mp3 aún era el dominio del download a cuenta gotas, por lo que la producción de vinilos de discos nuevos era hecha en ediciones muy limitadas. Entre ellos este disco, lo que convertía mis expectativas en encontrarlo casi nulas. De visita en Brighton, Inglaterra, paso por una conocida tienda llamada The Wax Factor (o el Factor Cera) y revisando los cajones en la letra T (Talking Heads, Talk Talk, Pete Townshend, Tindersticks, Tones on Tail, Richard Thompson, Tricky, etc.) diviso el borde rojo de una carátula y me dije "No, no creo... pero... ¿Y si es?". ¡Y lo era! La mayoría de las veces cuando veo un disco que me gusta lo pienso antes de comprar, ya que casi siempre hay otras opciones. Con este no pasó eso, lo pesqué, lo llevé al cajero y le dije "I'm taking this!". Y luego me fui a tomar una pinta de mi ale favorita al Fitzherbert's.
Los dejo con el video de Poems y otros temas. Para los que ven por el mail, los invito a verlos en mi blog.
En toda familia hay objetos, tradiciones, lealtades, leyes, omisiones, exigencias, etc. que van pasándose de generación en generación y cada una de estas va asumiendo estos legados a su manera, agregando un poco de su propia cosecha a la herencia que dejan a la generación siguiente. Eso también sucede con los discos que encuentras por primera vez a través de la colección de tus padres. Tratas de entender primero qué fue lo que escucharon en ese disco que hizo que lo atesoraran lo suficiente como para adquirirlo (si es que no fue regalado) y luego, si te gusta lo suficiente, empiezas a encontrales a tus padres todo tipo de fallas en su apreciación del disco, que son "poco sofisticados", o que son "muy livianitos", o "demasiado ahistóricos", que son esto y lo otro. Pero no es que estén equivocados, es solamente un claro indicio de que haces propio lo que una vez fue de tus padres.
Mi aproximación al disco invitado fue bastante tardía. Ya en la universidad y luego de una vida entera sólo escuchando música popular en inglés, quise abrirme a otros horizontes musicales y que significó principalmente escuchar música latinoamericana, aunque también jazz y música clásica, pero eso no nos concierne en este momento. En parte me había negado porque encontraba que el pop/rock latinoamericano era demasiado derivativo de los cánones anglosajones, pero esto era sólo reflejo de mi propia ignorancia. Una de mis bandas preferidas hoy por hoy es Café Tacuba (aunque me digan "¡no mames güey, valen callampa!") y mi disco sicodélico favorito es el primer LP de Os Mutantes, una banda brasileña (ya vendrá post para ellos) de los 60 y 70 (aunque ya en los 70 empezaron a ser una banda de jams eternos muy aburrida).
Me acuerdo de una fiesta que se hizo en mi escuela en la universidad, y hubo una sección de la música que fue dedicada al mambo, específicamente a Pérez Prado (quien surgió de la banda de Beny Moré, aún más increíble) y me llamó mucho la atención la sofisticación de los arreglos, la brutalidad de los bronces, como trompidos de elefantes que marcaban el desborde que sostenía e incitaba la banda. No sé si era el insumo intoxicante de turno, pero fue un momento en que me hizo click... ah! y por supuesto era perfecto para bailar. Pero más que Pérez Prado me emocionó una música que pusieron hacia el final de la fiesta, cuando el público se desgajaba, la energía menguaba y los borrachos querían hablar de amores traicioneros. Esta era guitarrera, con varias voces bien cristalinas y varoniles (como diría mi madre), mucho bolero, que un amigo, con una mirada medio incrédula, me explicó eran unos tipos que se hacían llamar Trío Los Panchos.
El Trío Los Panchos se formaron en los 40 en Nueva York con inmigrantes mexicanos y puertorriqueños y sólo después de unos años decidieron ir a instalarse a Méjico. Sus años dorados fueron los 50 y los 60, ya que si bien todavía existe el Trío Los Panchos con integrantes descendientes de los originales, es más bien el mantenimiento de una marca registrada más que una fuerza musical vital. Fueron mundialmente famosos, grabando múltiples discos donde registraron un extenso repertorio de la canción popular latinoamericana, y son especialmente conocidos como intérpretes de boleros. Es cuando están al tope de su popularidad en 1964 que se juntan con una cantante norteamericana de origen ítalo-turco, más bien de segunda línea, llamada Eydie Gormé y juntos graban un disco inmortal.
Ejemplos de colaboraciones entre músicos que parecen parchados con hilo medio suelto, son verdaderos frankenstein o son simplemente fomes, existen por doquier en la historia. En el papel parecen ser una buena idea pero cuando es hora de sacar el pan del horno está quemado o a medio cocinar. Este disco es ese pan amasado de campo que hacía la Mia Mamma con una corteza crujiente pero que al partirlo, sale el olor humeante que te embriaga los sentidos y de hace cosquillar el cuerpo de los pies a la cabeza y cuando hundes los dientes en su corazón esponjoso, das gracias a los cielos que no hay nada mejor que el pan. Y quieres más. Y quieres más.
Cuando lo escuché por primera vez en casa de mis padres, una tarde de domingo de verano, pasé de escucharlo como un ejercicio de nostalgia a vivenciarlo como una noche en una boite donde la cantante va develando canción a canción la historia de un amor que no tuvo igual, donde la vida es una melodía borboteando de una guitarra, un susurro al oído y un llanto atrapado en la garganta. Todas son canciones que son clásicas del repertorio latinoamericano, pero logran crear versiones que me atrevería decir son las definitivas. ¿Qué se puede decir de un disco que comienza con esa voz masculina medio triste que nos llama: "Atiéndeme... quiero decirte algo... que quizá no esperes... doloroso tal vez". ¡No tienes otra que escucharlo hasta que diga basta! ¿Puede haber una canción de amor más brutal que Noche de Ronda con una letra como la siguiente?: "Luna que se quiebra / sobre la tiniebla de mi soledad / ¿Adónde vas?". ¿Qué es lo que pasa que me perdí tanto tiempo este repertorio tradicional desde que todo es rock? ¿Será porque tiene una melodía hermosa, diáfana y las voces no parecen esforzarse? ¿Le tenemos miedo al virtuosismo sin aspavientos? Esas son las canciones verdaderamente subversivas, como bombón envenenado.
Al escuchar este disco el otro día, me preguntaba qué es lo que hace que el cancionero romántico (pues eso es lo que es este disco, un disco romántico por excelencia) contemporáneo sea tan mediocre y derechamente aburrido, con excepciones por supuesto. En parte estoy seguro que es porque los que nos anteceden llegaron antes a las mismas metáforas, estructuras, melodías y por lo tanto se les puede llamar originales (alguien decía que el que primero comparó una mujer a una flor era un genio, el segundo un copión y el tercero un idiota). Por otra parte creo que está también el tema de la autenticidad (pregúntenle a mi cuñada por Allan Moore), en tanto le conferimos mayor autenticidad a estilos, géneros, artistas que percibimos como de mayor cercanía a una fuente originaria que otorga "pureza" y que en muchos casos para el grueso de la gente (como yo) está perdida. ¿Cuál es el origen del bolero por ejemplo? Me imagino que más de alguno de ustedes me podría hablar de su origen, pero para mí como auditor muy ingenuo lo tengo asociado a lo que he aprendido a través de lo heredado de mis padres y mis abuelos. Pero cuando escucho a Los Panchos tocando sus guitarras y cantando (con una sofisticación enorme y un trabajo técnico depurado) entiendo finalmente por qué: están ahí con Eydie y con nosotros, sin intermediarios, sin exigencias, sin nada que vender ni regalar. Sólo cantar y llorar por dentro.
Debo confesar que con este post hice un poco de trampa, ya que el disco original de Amor no lo tengo, sino que solamente tengo una caja de 3 discos que recopila tanto el disco invitado como "Más Amor" (1965) y otras canciones que grabó Eydie Gormé por su cuenta... pero como el disco me gusta tanto y esta recopilación incluye todas las canciones de este, y como el blog es mío, creí que era una buena oportunidad para compartirlo con todos ustedes. Fue regalo de una prima de mi padre y su marido (el de la prima, no el marido de mi padre...) quienes gentilmente le cedieron su colección... y yo me aproveché! Era que no...
Les dejo con algunos videos que pueden encontrar en internet, para los que no conocen las canciones (cosa que dudo):