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11 de septiembre de 2009

Brian Eno - Another Green World (1975)

"You'd be surprised at my degree of uncertainty
How can moments go so slow?"

Another Green World and Satsumas

La música te puede emocionar de muchas maneras diversas. Puede ser una bofetada en la cara dada por tu madre cuando comiste directo del tarro de manjar; un abrazo fuerte de tu mejor amigo después de no verlo por dos años; una mano extendida por el extraño que te encuentra tirado en la calle, sin saber cómo llegaste ahí; una patada en el trasero del Tony Caluga a la salida del circo; un retorcijón de guata porque comiste ese ceviche en el mercado un día lunes; un puño en el aire tras meterle un gol al primo de tu primo que te cae mal; un aleteo de brazos sobre una piscina cuando aprendes a nadar y te tiras tu primer piquero; una mañana en el jardín infantil cuando pintas con tus manos y pies; una tarde viendo tele sentado en la mecedora que era de tu abuelo; una noche bajo las sábanas leyendo a escondidas y descubriendo que tus padres sí pueden equivocarse. Another Green World (Otro Mundo Verde) es mirar el atardecer de un domingo de otoño reflejado en la puerta del closet de tu pieza, mientras escuchas a lo lejos que la gente comienza a moverse, hablar, reír, dar órdenes ya que el sopor de la siesta se ha levantado.

Este es el tercer disco de Brian Eno en solitario que puede ser considerado dentro de los cánones pop/rock, aunque es aplicarle una etiqueta estrecha a lo que nos presenta en este LP. Brian Eno ingresó en los anales de la música popular al ser miembro fundador de Roxy Music, en donde participó en los dos primeros discos que, no por coincidencia, son los discos más experimentales y arriesgados de la banda en cuestión. Dejó esta banda por diferencias creativas y personales con Bryan Ferry, quien era el frontman y escribía las canciones. Una pérdida para Roxy Music pero una ganancia para todos nosotros. Al abandonar la agrupación comienza inmediatamente a desarrollar los dos polos que marcarían toda su carrera, en mayor o menor proporción: por un lado un polo muy experimental, caracterizado por estructuras minimalistas y preocupación por la percepción del auditor en contraposición a los deseos del autor (¿cómo eliminar al autor lo más posible de la ecuación?) y un polo, también muy experimental a su manera, pero bien juguetón a la hora de hacer canciones con temáticas crípticas y poco usuales (p. ej: una mujer en llamas, literalmente, en su primer disco), además de una aguda sensibilidad melódica (su música preferida es el gospel).

Another Green World on the bed

Lo que une estos dos polos es una preocupación por el proceso de grabación, con la consecuencia que empieza a mirar crecientemente al estudio de grabación como un instrumento más, sino el más importante (creo que ya lo dije en otra entrada de este blog). Sin duda no es el primero (si no, escuchen las grabaciones de Lee Scratch Perry en Jamaica en los 60 y 70; y los discos de los Beatles a partir de Revolver), pero es de los primeros que miró el tema más sistemáticamente y lo incorporó como parte integral en el proceso de creación de una canción o pieza musical. Another Green World es el primer disco en el cual Eno entra conscientemente sin siquiera un retazo de música al estudio de grabación, bajo la premisa que a medida que experimentara in-situ saldrían ideas a las que no podría acceder de otra manera. Es una visión bien sistémica y cibernética del proceso musical y que tendría su expresión más extrema 20 años después con su propuesta de la música generativa (simplemente poner los parámetros de cambio y dejar que un programa de computador hiciera la música, idea basada en el famoso juego Life de John Conway).

Another Green World Inner Label

Cuando recién escuché este disco, casi 15 años atrás, me sentía en un cruce de caminos musicales (para que hablar de personales...), me había agotado una cierta dirección y necesitaba renovar mi arsenal. En un viaje me había comprado en CD los tres primeros discos "pop" de Eno (Here Come the Warm Jets, 1974; Taking Tiger Mountain, 1974 más este) y tomé la decisión consciente de escuchar cada uno en orden cronológico, dándome el tiempo (un par de semanas) para convivir con cada uno y hasta cierto punto lo que puede haber escuchado alguien en la época. Entre el primero y el segundo hay una cierta semejanza textural y temática, aunque el segundo se nota más coherente (léase menos loco)... pero entre el segundo y el disco invitado hay una galaxia de separación. Esta galaxia está compuesta de dos planetas muy importantes: un accidente donde es atropellado por un taxi que le obliga quedarse en cama por varias semanas, llevándolo a una experiencia que produjo el segundo planeta, Discreet Music (1975) un disco fundamental (en todo sentido), consistente en un procesamiento electrónico con cintas del Canon de Pachelbel en un lado, y que al sugerirse que debe escucharse a un bajo volumen (¡qué poco rockero!), inaugura oficialmente la música ambient.

Another Green World es un disco pop que fue cortado en dos por el bisturí del ambient y relleno con una pasta hecha de perillas, micrófonos, teclados, filtros, picardía y precisión técnica. Es un disco que todos los fanáticos desearían Eno hiciera una y otra y otra vez. Un disco redondo, intrigante, hermoso, donde sólo 5 de los 14 temas son cantados y ninguno durando más de 4 minutos. Los temas instrumentales caminan por una delgada línea que roza la música descriptiva, música 'sugestiva' si se quiere. Las letras de los temas cantados toman un cariz muy distinto a los discos anteriores de Eno, alejándose de las narrativas excéntricas y febriles, hacia un tenor más bien pictórico y contemplativo, trazando escenas donde sucede poco, se espera mucho y se guarda la distancia. Dada la naturaleza de este disco, es perfecto para escuchar en muchas ocasiones y lugares (excepto en una fiesta, para bailar), ya que permite ponerle atención en muchos niveles distintos, con mayor o menor esfuerzo pero es, en esencia, un disco muy fácil de escuchar, lo que es engañoso ya que es un disco complejo. Cada vez que llueve y lo tengo cerca no dudo en ponerlo, como fiel amigo que ha sido durante 15 años.

Another Green World in the fridge

La edición en vinilo de este disco es un gran argumento para echar en contra del formato CD y las famosas remasterizaciones. Las remasterizaciones en general son una traición al sonido original al tratar de adecuarlo a los hábitos de audición del público actual: en mp3 sueltos, donde se espera que todos tengan el mismo volúmen, por lo que se pierde una parte importante del rango dinámico (véase las "Loudness Wars"). Pero aún cuando la remasterización se haga de la manera más perfecta (utilizando puro equipo análogo en todo paso del proceso) siempre existe la duda de cuan fiel se es a la visión original de los involucrados, a menos que estén involucrados los músicos originales (las realizadas por Jerry Harrison con los discos de Talking Heads son buenas en ese sentido). Las remasterizaciones de Los Jaivas son un ejemplo de cómo NO se tienen que hacer las cosas. Sin duda que hay muy buenas remasterizaciones que vale la pena buscar; cualquiera de Steve Hoffman por ejemplo, que hasta busca la máquina donde se hizo la masterización original. La edición en vinilo original, inglesa, le da un toque extra que no tiene la edición en CD, que tiene que ver con la sensación de espacio entre instrumentos, el plano sonoro (más profundo y ancho) y la organicidad de los timbres, especialmente en los registros más bajos. Hay algo con los sintetizadores análogos que se escuchan tanto mejor en un vinilo que una edición en CD (el caso de los OMD por ejemplo es notable en su pérdida de liricidad en CD). Por eso cuando encontré el disco en Brighton, Inglaterra en la ya mencionada Wax Factor no dudé en pagar la no despreciable suma de 9 libras... o sea, más barato que el CD nuevo. Uno a veces pierde las proporciones.

Algunos "videos" en youtube con canciones del disco:











31 de agosto de 2009

David Bowie - Low (1977)

Fotos cortesía de Don Rodrigo Pizarro

"Blue blue electric blue, that's the colour of my room where I will live"

low film  416 cp

David Bowie fue el primero que me hizo sentir como un rock star. Fue él quien me hizo creer en mi más solitaria intimidad que podía ser alguien distinto, alguien 'mejor', pero también más sintónico con mi muy camuflado y resguardado mundo interior. En un ritual que me resultaba imposible perder, solo, los fines de semana por la noche, mientras soñaba que me subía a un escenario y miles de fans coreaban mis canciones, me encerraba en mi pieza y colocaba con religiosa rigurosidad los 4 cassettes del inglés que tenía mi hermano mayor en su colección (Changesbowie 1 & 2, Ziggy Stardust y Space Oddity) en mi radiocassetera Toshiba que había recibido como regalo de cumpleaños a los 9 años. Cantaba y cantaba y cantaba y hacía poses con el atril de micrófono que había sacado sigilosamente de la pieza de mi hermano, mientras él salía a vivir la vida nocturna que yo deseaba. Tenía 12 años.

Lo que más me carga de estos shows busca “talentos” que salen hoy en la tele es que su espíritu es destructivo, es mostrar cómo el jurado acribilla a los participantes y endiosa a meros reproductores de estándares culturales estériles. La esencia de la música popular es creativa, aspiracional, imperfecta, en cierto sentido adolescente ya que busca encauzar un torrente de caos hormonal hacia un mar que consideremos propio. Es pensar en un mundo paralelo donde podemos cambiar nuestras vidas, estar felices, poderosos, populares. Es creer que en algún lugar podemos ser esos seres sobrenaturales que escuchamos en los discos, vemos en las películas y la tele; estar convencidos que es posible cambiar nuestra sociedad, al ser hipnotizados melodiosamente por ese chamán que se sube al escenario; o navegar a oscuras en dirección a nuestras raíces: es en esencia conectarnos con un plano existencial que nos trascienda. Qué importa el que de verdad lleguemos a ser uno de estos seres de otro planeta (y lo son), lo importante es saber que de alguna u otra forma siempre lo somos a nuestra propia manera.

low film  417 CP

Low fue el primer disco que compré de Bowie por mi cuenta, o que pedí por mi cuenta a decir verdad, ya que fue un regalo de Navidad. Debo confesar con vergüenza que además logré convencer a mi hermano chico para que pidiera "Heroes" (1977) por su lado y así poder escuchar los dos discos al mismo tiempo... estamos hablando de la época en la cual mi hermano aún medía menos de 1.20 mts, por lo que fue descaradamente un aprovechamiento... no sería la primera ni la última, aunque él fue quien inventó haber encontrado una moneda fenicia en el patio de la casa, así que estamos a mano... ¿o no? Conocía del disco la canción Sound & Vision (una de mis favoritas de toda la vida) que expresa en cuajada síntesis los temas principales del disco: un enclaustramiento físico y emocional, un deseo de expresión que lucha por salir, y esperanza en silencio que el recogimiento traerá la paz buscada. Todo cruzado por una tensión constante de verse al borde del abismo de la sanidad mental. ¿Quebraré vidrios en mi pieza nuevamente? ¿Seguiré estrellándome en el mismo auto? ¿Llegará el regalo del sonido y la visión? La velocidad de la vida en cámara lenta.

Con Low comienza lo que muchos han llamado la Trilogía de Berlín. Este nombre es equívoco ya que este disco fue grabado en su mayoría en una mansión en Suiza que alguna vez alojó a Chopin y George Eliot. Sólo el segundo de esta trilogía, "Heroes" (1977) fue grabado íntegramente en Berlín, y el tercero Lodger (1979) fue grabado casi todo en Nueva York. Lo que sí puede convertir a estos tres discos en una trilogía, es que en ellos trabajó cercanamente con Brian Eno (aunque no les produjo los discos como erróneamente lo creen muchos, esa labor recayó en el gran Tony Visconti, productor de T.Rex, Sparks, Thin Lizzy y Rita Mitsouko, entre otros) y pudieron entre ambos crear un nuevo lenguaje para el rock que nutriría la obra de muchos durante los próximos 30 años o más. Herederos directos de este disco y el siguiente, podemos contar a Joy Division, New Order, Gary Numan, The Cure, Ultravox, Japan, el Lennon (y Ono) de Double Fantasy, etc, etc, etc. Si el punk, gruesamente contemporáneo a este disco, fue una renovación de la energía del rock luego del período de aburguesamiento que fue el breve reinado del prog (entiéndase sus peores excesos, hay grandes y revolucionarios discos prog), Low fue parte importante de la renovación de las ideas del rock en aquella época. Se podía ser pretencioso e inevitable al mismo tiempo.

low film  415 CP

El otro sentido en el cual se puede considerar a estos discos como una trilogía es que son el producto consciente de un Bowie que se encontraba casi desahuciado por las drogas y el alcohol luego de una larga temporada en USA y que necesitaba sí o sí un giro nuevo a su vida y carrera. En USA había cosechado enormes éxitos con sus discos Young Americans (1975) y Station to Station (1976), pero cayó en una espiral autodestructiva que lo hace huir al continente europeo, primero a Suiza y luego a Berlín, para sumergirse en una vida de anonimato y desintoxicación junto a su amigo Iggy Pop. No olvidemos que el título Low se refiere no solamente a estar "bajo" o deprimido sino que hace un juego con la carátula del disco donde Bowie aparece de perfil, es decir el título completo sería Low Profile, o bajo perfil. Es un período de tremenda fecundidad personal y creativa para este par de amigos, y de una incerteza profesional que paradójicamente les dio la libertad de llevar sus visiones creativas hasta las últimas consecuencias: tanto en sus vidas privadas como profesionales ya no tenían nada que perder. Para que se hagan una idea: dentro del espacio de 1 año Bowie publicó dos discos bajo su nombre, ambos clásicos, y co-compuso (casi toda la música) los discos "The Idiot" y "Lust for Life" de Iggy Pop, ambos también de 1977.

Al ser el primero de este trío, Low es el más contemplativo, el con menos energía aparente, sin duda el con un subtexto más triste. La base sigue siendo un poco funky en el primer lado, como en sus dos discos predecesores, pero ahora reprocesado con el krautrock de la época, más robot, más frío. En el tema A New Career In A New Town, por ejemplo, se puede escuchar una armónica llevando la línea melódica, pero no suena nada a blues, sino más parecido a lo que podría haberse escuchado en la radio AM de esos años, o también a esas melodías de juegos de consola de principios de los 90, pero realmente tristes y sin ser cebolla. Sin embargo, lo realmente radical para la época, viniendo de alguien que era tan popular en ese entonces, y quien definió de muchas maneras la primera mitad de los 70 (y definiría los próximos años con este disco), es que el segundo lado se compone exclusivamente de temas instrumentales, lentos, o a medio tempo, casi ambientales y de una profunda congoja existencial. El tema Warszawa (Varsovia) tuvo el suficiente impacto en Ian Curtis para que le pusiera el título como nombre a la banda que luego sería Joy Division. Para mi el escuchar Low es descender desde los devaneos de un hombre en crisis existencial hacia un estado neofetal, donde la sanación sólo es posible a través del mantener en silencio el habla.

low film Black

Aún cuando el disco puede parecer medio deprimente no lo considero así. Sí, sin duda es triste pero tiene la claridad suficiente en sus texturas y arreglos como para darle la liviandad necesaria para no ser asfixiante. Por sobre todo existe una búsqueda de belleza estructural, trata de crear un lenguaje nuevo para la música que Bowie llevaba casi dos décadas desarrollando. Por lo que cuenta tanto Bowie como Eno en diversas entrevistas, la grabación del disco fue un período de mucha riqueza creativa, llena de experimentación y momentos de epifanía, de apertura de distintos caminos que podían explorar a futuro. Lo extraño también es que fue un proceso de grabación relativamente corto, en parte porque el afiate de su banda lo permitía y en parte porque muchas veces se tomaron decisiones bastante arbitrarias; como el decir "esta canción tendrá dos partes y cada una durará exactamenta 1min 23s" o decidir que sólo se haría una toma. Creo que es por lo menos intrigante que de un proceso lleno de limitantes haya salido algo que suena tan refrescante en su transparencia emocional. Ya vendría "Heroes", otra piedra fundamental de la música popular de los últimos 35 años, pero que vuelve a preocupaciones más externas en el mundo de Bowie e Eno.

Bowie Low Inner Label

Low fue de los primeros discos que compré en vinilo hace 5 años atrás, sin duda porque era de los que estaban más arriba en mi lista de discos deseados. Lo encontré una lluviosa tarde de invierno, recién pagado en mi pega de aquel entonces con una sensación de desasosiego como diría Pessoa, y errando por mis locales conocidos, entré en una tienda en Providencia donde se caracterizan por ser ladrones (¿una más?) pero que extrañamente tenía este y otros cuatro más de Bowie a un precio más que razonable, barato incluso. Me acuerdo por sobre todo la impresión que me causó el ver la carátula en su tamaño original, lo rara que se veía la cara de Bowie, plana y recortada en contra de ese fondo naranja, como de explosión; lo colorida e irritante que parecía en contraste con la tarde apagada, húmeda, ominosa en su quietud, como esperando una tormenta y que esa cara de perfil fuera el hombre del tiempo que la anunciaba. De la cara emanaba una furia gris, una tristeza apenas contenida, expelida hacia el que quisiera escuchar el murmullo de penas. Bello, muy bello y justo lo que necesitaba.







17 de agosto de 2009

Robert Wyatt - Shleep (1997)


"Furry kind of greeting, not exactly hostile"

Shleep daddy shleep

En mi mundo musical, David Bowie es el epicentro del terremoto. Claro, antes de Bowie había pasado por mi fase con los Beatles, Queen y A-Ha (en serio, son mejores de lo que piensan), pero fueron legados de gustos de mi padre y mi hermano mayor, o una infatuación prepúber como fue con Queen (los he redescubierto recientemente, aunque ahora son otros discos y canciones que me gustan). Con Bowie fue inicialmente así, pero fue el primero que decidí explorar más por mi cuenta, sin atenerme a lo que pertenecía a la colección musical de mis antecesores familiares, de tomar la clave decisión de gastar la mesada en música en vez de dulces en el recreo... o copete los fines de semana posteriormente... es decir, mi primer paso como melómano adulto. Explico todo esto porque mi acceso a Robert Wyatt puede ser rastreado indirectamente a Bowie. Casi diría que con todo disco en mi colección podemos hacer un juego de Seis Grados de Separacíón entre XYZ y el Duque Blanco.

¿Y cuál es el rastro? Bowie se enmarca en la primera mitad de la década de los 70 dentro de lo que se conoció como el Glam Rock (el original, no el de los 80 con Poison y Twisted Sister). Dentro de esta escena había una gran gran banda llamada Roxy Music (ya conocía su último disco de estudio, Avalon, a través de mi padre). En los dos primeros discos de Roxy Music uno de los integrantes era un tipo llamado Brian Eno, un genio musical y estratégico que revolucionó la manera de hacer música rock al considerar al estudio como un instrumento más (sino el más importante) y que llegaría a ser uno de los productores de base de U2 y Talking Heads. Bah, es incluso más directo, Eno fue pilar fundamental en tres discos geniales de Bowie, la llamada trilogía de Berlín (aún cuando sólo uno se hizo allí): Low, "Heroes" y Lodger. Es Brian Eno quien aportaría el último (o primer) enlace, ya que en 1997 leí en un sitio web dedicado a él que había participado en un disco de un tipo llamado Robert Wyatt, como co-compositor en un par de temas, apoyo logístico y moral y también tocando teclado en algunos de estos. Este disco se llamaba Shleep.

Wyatt es un tipo que a esta altura parece el viejo pascuero, con su pelo y barba larga blanca. A diferencia del viejo pascuero no anda en trineo sino que en silla de ruedas desde hace más de treinta años (y no reparte regalos, siendo comunista probablemente lo encontraría una manifestación de la alienación del hombre en este mundo capitalista). Se cayó borracho de un balcón en una fiesta mientras acompañaba a su esposa (Alfreda "Alfie" Benge, dibujante de la portada del disco y autora de algunas de las letras de las canciones) quien trabajaba en el clásico film Don't Look Back de Nicholas Roeg, situado en Venecia. Como muchas otras personas que repentinamente se ven enfrentadas a un cambio tan radical en sus vidas, Wyatt lo vio como una oportunidad (incluso un regalo del destino) de verse principalmente como compositor y no como batero que compone (había sido echado unos años antes de la banda que había formado en los 60s, Soft Machine) y comenzó su carrera solista con la publicación de su primer LP, Rock Bottom (1974), un clásico.


Robert Wyatt Shleep Label


Nuestro invitado de hoy sabe tocar con diversa experticia los siguientes instrumentos: batería/percusión, teclados/piano, corno, trompeta, violín y bajo; pero, aunque él lo considere un disparate, a mi modo de ver el instrumento que mejor usa es su propia voz. Es una voz delgadita, muy aguda casi falseto (aunque ha perdido un poco sus registros más altos con la edad), sin mayor manejo técnico rayando en el desafino, como de un niño muy inocente que recién explora el mundo, o un viejo que ya está cansado de sus viajes y sólo quiere descansar. Es una voz que se salta la adultez, ese período donde nos compramos el cuento de que dominamos nuestro mundo, de la sorpresa a la desilusión es sólo un paso al vacío. Ryuichi Sakamoto llamó a su voz "el sonido más triste del mundo" y no puedo estar más de acuerdo.

Lo encontré en CD por casualidad en una de mis visitas semanales a una de las disquerías principales de Chile (de esas que matan la música, luego aprendí...) y ya que sabía que salía Eno ahí, lo compré con bastante entusiasmo. La edición en vinilo la encargué antes que saliera oficialmente por internet al sello Domino, quienes el año pasado (2008) reeditaron toda la discografía de Wyatt en vinilo, incluyendo este disco y el siguiente, Cuckooland (2003), que nunca habían sido editados en el formato. Por supuesto, mi boca musical salivaba copiosamente cuando supe que habían hecho esta movida, nunca creí que saldría.

El nombre del disco es un neologismo que une las palabras Sheep (oveja) y Sleep (dormir). El nombre hace alusión al aire general medio pastoral del disco pero también al primer tema de este, Heaps of Sheeps y que es una de las grandes canciones de la historia sobre el insomnio, medio juguetona, medio ensoñadora y un poco desesperada/ante por no poder dormir (la letra es de Alfie, quien no sufre de insomnio, pero Wyatt sí). La instrumentación es levemente distinta a lo que se encuentra en el resto de los temas, aunque tiene el mismo peso, con arreglos livianos y fácilmente legibles, pero siempre con armonías bien extrañas que tienen su raíz más bien en el jazz (¿modal? no lo sé, estoy aprendiendo) y se escapan de la tradición más rockera, de la cual Wyatt se siente ajeno. Y encima de estas bases Wyatt desarrolla unas líneas melódicas bien largas, generalmente lentas, muy íntimas, como si estuviera conversando de lado en la cama con nosotros, las cabezas en las almohadas, los ojos cerrados.


Shleep daddy shleep 2


Con este disco además comenzó a consolidar lo que considera su establo de músicos invitados donde los puntales han sido Brian Eno, Phil Manzanera (otro ex Roxy Music) y Paul Weller (otro grande, ya vendrá más de él por estos lares). Este último aporta todo su elegancia musical en la guitarra slide en "Free Will and Testament", mi canción favorita del disco y que emerge como una reflexión concentradísima sobre el determinismo v/s el libre albedrío. Por sobre todo es una canción que haría llorar a una estatua.

Una cosa que sorprende de Wyatt, en este disco y los que vendrán es que, tratándose de alguien que pasó los últimos años de los 70, todos los 80 y la primera mitad de los 90 mirando musical y culturalmente hacia horizontes no anglosajones (vivió varios años en España, donde publicó Dondestan, 1991), produce música que no puede sino catalogarse como existencialmente inglesa. Cuando uno escucha sus covers de Te Recuerdo Amanda, Yolanda, Arauco (las dos primeras incluidas en esta edición en vinilo), uno escucha innegablemente al extranjero que admira una cultura ajena pero que vive frustrado por su impenetrabilidad final. No sólo me refiero al obvio acento gringo con el cual canta Wyatt (¿nos escucharán así los gringos cuando cantamos en inglés?) sino a la sensibilidad musical con la cual aborda estos temas, la instrumentación y que conjuga perfectamente con el resto de su obra y, como ya lo mencioné, su voz. Es parte de la naturaleza escéptica del ciudadano inglés, pero siempre con un cargadísimo núcleo emocional que se vive como un profundo respeto por el otro y una capacidad latente de una explosiva ira hacia las injusticias. No olvidemos que es la cultura de las gracias y los disculpa. Es también la paradoja de un individuo que se define como materialista pero que gana su pan de cada día con el arte más abstracto y volátil que existe.

Les entrego unos cuantos videos, de los cuales sólo el primero es del disco, ya que lamentablemente no pude encontrar más. Las otras dos son un cover, de Elvis Costello (aunque es más suya a mi parecer) y un tema de Old Rottenhat, un disco del 86. Igual vale que conozcan más a este tatita colores.